Nota: Utilizo el lenguaje sms para nombrar a la tienda que hoy nos ocupa con el fin de blindarme ante posibles acciones legales por parte del tendero.
Cuando la vi por primera vez me enamoré de ella. Siempre que pasaba a su lado la miraba de reojo, disimuladamente, pues me aterraba que el resto de viandantes me descubriese. Intentaba entrarla pero siempre me rajaba, no me sentía preparado. El sábado por fin vencí a esa fina lámina que nos separaba, a ese escaparate. ¡Qué remedio! eran las 7 de la tarde y mi amigo el señor Brecht y yo no nos habíamos hecho aún con los regalos de cumpleaños que habíamos quedado en comprar. Entré cabizbajo … ¡¿Dios, qué pintaba yo ahí?!, no soy lo suficientemente freaky. Me sentía sucio, demasiado normal. Yo iba en chándal, sin embargo todos los que había en la tienda iban tuneados, aquello era una especie de SOHO, pero con luz. Y para encima ahí estaba el tendero, ¡el de la tele!, con lo que me abruman a mi los famosos. Recorrimos ese museo pop en búsqueda de los regalos… comics, figuritas, posters, camisetas de estas “que guay soy, pone Ramones”, todo muy mono, pero al fin y al cabo no soy yo muy fetichista. Eso si… había una genial selección de películas, películas muy raras y difíciles de encontrar legalmente (sin utilizar el emule). La verdad que ese tio sabe un huevo de cine, al Cesar lo que es del Cesar. Encontramos rápidamente dos buenos regalos pero nos faltaba algo, necesitábamos un toque vampírico. “¿Tienes algo de vampiros?”, le preguntamos al tendero. El tío, que hasta entonces estaba como empanollado mirando la pantalla de su ordenador, se activó de repente. “¿Qué es para un regalo?, ¿Es chico o chica?”. ¡De lo que se entera uno! Hay vampiros para chicos y vampiros para chicas. “Chica, Chica".. dijimos. Nos enseñó un comic. “Este comic es de Alejandro Valdramejo, es un autor muy polifacético, muy influenciado por la corriente ground de los 80, sus trazos evocan un poco a Tim Burton…bla bla bla”. Nos soltó un rollo de la virgen mientras nos enseñaba algunas páginas. En ese momento me sentí muy bien, el rapaz nos estaba tratando como si nosotros entendiésemos, mi nivel de freakismo aumentó y por lo tanto dejé de estar tan fuera de lugar. La verdad que el comic tenía su punto, pero era demasiado gótico-simbólico. “Necesitábamos algo más en plan sangre y acción, vampiros para chico mejor”, le dijimos. La conversación tornó entonces al freakismo extremo… “Bueno, entonces igual se ajusta más este comic, Drácula versus Batman”. Al señor Brecht y a mi se nos escapaba la risa…¿Drácula contra Batman?, cagon fros, eso es como poner a pelear a Robbin Hood contra el Cid Campeador, aunque bueno, cosas peores se han visto (Alien contra Predator todavía, ¿ pero Fredy contra Jason?). En fin, que un regalo era demasiado serio y el otro demasiado poco serio. El tendero empezó a hablarnos de Batman, Gottan y Transilvania, pero algo debió ver en nuestras caras y no se extendió demasiado. El chaval ya sin recursos, a punto del kao, a punto de rendirse….¡Pero no! El ave fénix resurgió de sus cenizas y hábilmente nos acompañó a la sección de las figuritas. Descansaban en las estanterías unas muñecas vampiro que nos vinieron que ni pintadas. ¡Ese tipo nos salvó la vida!. Fuimos a caja con tres regalos.. el tío nos los envolvió con esmero y rapidez (si es que vale pa todo el rapaz). Además nos regaló una entrada para un concierto que daban en el Savoy unos tales “Black Pony Express”, una entrada para dos, será cabrón. Ante tanta tecnicidad previa me crecí un poco y solté la mia (no voy a ser yo menos técnicu que tú chaval) “Mala acúsitica el Savoy”, le dije. El tío quedó un poco descolocado… “ Si, si, tienes razón.. puede que influya la columna esa que está en medio, las ondas acústicas viajan por el aire.. bla bla bla”. Cinco minutos de tecnicidaes varias (El señor Brecht me habría matado si su mirada tuviese ese poder). Finalmente acabó su alegato y pudimos marchar. “Gracias”, “Gracias, ¡hasta otra!”. Volvimos a la calle, regresamos al mundo real, al frío, al ruido… pero con la satisfacción de tener los deberes hechos, ¡qué regalazos habíamos comprado!.
Pues eso.. una tienda muy mona, un dueño que se lo curra mucho y una grandísima colección de buen cine. Solo una pega…. El rapaz envolvería muy bien, pero cuando al día siguiente entregamos los regalos, justo después del mítico “¡Como molaa!”, nuestra colega la señora Vilches nos dijo…”Joder, como sois, podíais haberle quitado el precio”. Ayss… tendero, tendero.
Señor S