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lunes, 20 de octubre de 2008

Vidas ejemplares: Toulouse Lautrec

A veces para ser un genio tienes que ser un enano loco...


... es el precio de la virtud...


Henri Toulouse Lautrec nació con un problema en los huesos que le impidió desarrollarse, se quedó enano... Se fue a vivir a París, a Montmatre, dónde si no... y se enganchó tanto a la vida bohemia y al disfrute nocturno que su obra se basa principalmente en esos temas... Frecuentaba asiduamente Le Mouline Rouge y demás locales, era alcohólico y los prostíbulos eran su segundo hogar, aunque más de una vez fueron el primero... La bebida... qué gran amigo en las noches de soledad: llegó a mezclar champán, coñac y absenta en una misma copa... La bebida le llevó a sufrir varios delirium tremens, en uno de ellos veía arañas gigantes y para deshacerse de ellas se lió a disparos. Le apasionaban irracionalmente las pelirrojas, de hecho muchas de sus obras deja entrever esa fascinación. Influido por el impresionismo fue un gran cartelista. Una de sus musas fue Jane Avril, o la Goloue (La Golosa), bailarina del Moulin Rouge, a la que pintaba con su compañero de baile, Valentín, le Desosé (El Deshuesado)... Es uno de los cartelistas que más me gusta... un genio... un pobre loco... contrajo sífilis. Su adicción por el alcohol hizo que llegara a comprar un bastón en donde la punta tenía forma de copa para poder beber a escondidas de su madre... murió un mes de septiembre...

Señor-ina

viernes, 22 de agosto de 2008

Paseo por "The National Gallery"


En mi último viaje a Londres, que también fue el primero y espero, el único, tuve el placer de visitar el “National Gallery”. Ubicado en Trafalgar Square, plaza fascistoide donde las haya (¿Nadie se ha parado nunca a pensar en lo fascista que es todo lo britano?), lugar infestado de tenebrosas estatuas en honor a almirantes, generales, nobles, reyes y palurdos pintamonas en general, que impregnan el ambiente de cierto… cómo decirlo ¿ mal rollito?, sobre todo la más alta, la del señor Nelson, que murió ganando la batalla naval más importante de la historia, ¡ahí lu tienes!, y al que hicieron una estatua ecuestre sin caballo, ¡pa chulo Nelson!. Entre tanta estatua mucho turista, y entre tanto turista algún que otro poli inglés, de esos que se caracterizan por ir ataviados con ridículo disfraz y a la vez llevar una semiautomática, algo que contrasta un poco ¿no?, es como, no se, fofó con una granada. Bien, adentrémonos en el museo, el National Gallery es uno de esos sitios con el llamado síndrome Disney Landia o “No puedes verlo todo en un día”… Uno se perdía entre tanto Van Gogh, Rembrandt, Velázquez, el paisajista este británico de cuyo nombre nadie, y no seré yo la excepción, se acuerda nunca, Da Vinci, Van Eyck… Joyas de la historia del arte que más que degustar, zampas, porque solo tienes dos horas y te apetece ver cuantas más mejor. Obras pintadas hace cientos de años, fragmentos de la historia que salpicaban galerías y galerías, atiborradas de gente que pasaba de cuadro en cuadro más rápido, aún, que yo. Entre pinturas de diferentes estilos, épocas, autores…una constante, cierta oscuridad, cierta desesperanza, cierta amargura. Mientras recorría el lugar, me dio por pensar en toda esa gente que me rodeaba, gente que iba vestida como un gilipollas, gente sin clase, gente sin chicha ni limoná, gente como yo, bebiendo lágrimas del pasado y disfrutando la ingesta, cada uno , supongo, a su manera. Me senté en medio del silencio, y seguí pensando. Pensé en las personas que se entretenían observando esos cuadros en la época en que fueron pintados. Gente de pedigrí, de pasta, de título, de estatua…gente tan ajena al dolor que desprendían tantas de esas obras. Me los imaginé disfrutando de esa sensación nueva que esas imágenes les brindaban, me los imaginé frívolos, vacíos y repulsivos. Mi mente volvió entonces a los que me rodeaban, mi mente volvió entonces a mi. Poco nos diferenciaba, en el fondo, de aquellos pijos del pasado. Menos poder, menos dinero… pero las mismas preocupaciones reales, ninguna. El mismo deseo de experimentar el dolor y el vacío que nos negó el nacer donde nacimos. Devoradores de libros, películas y canciones tristes….saciándonos de lágrimas inventadas, y mientras, el mundo real, llorando de verdad.


Señor S

jueves, 31 de julio de 2008

Despropósitos de una asturiana en Madrid: Largo jueves de verano



Llego a casa, me quito la ropa y a la cama, siesta en ropa interior. ZzZZZzzzz. Ring ring. Puto despertador, ¿y si las llamo y les digo que no voy? Venga Raquel, coño ¿y que haces en casa toda la tarde?

Paseo del Prado, a la sombra, y a toda prisa, llego tarde. Ahí las tengo, pero no soy la última, así que… en Caixa Forum, nos espera Alphonse Mucha, cartelista publicitario del Art Nouveau. Arte gratis y aire acondicionado. Tratamos de colarnos en la visita guiada pero la guía directamente nos echa. Vaya, no ha colado. Así que a deambular de sala en sala. Checoslovaquia, Austria, París, Estados Unidos, España… Que cabrón! Mamá quiero ser artista!! Doblo una esquina, Ey! mira que cartel. Leo la inscripción: Cartel publicitario de Lotería Eslovaca. Mierda! Maldita coincidencia. Nota mental, olvídate ya de él. Fin de la exposición. Oye, arriba hay una de Chaplin. Buff creo que paso, mejor una cerve, no? El sí es mayoritario. De paseo hasta Sol. Cervecitas, refrescos, unas pulgas y ufff que tarde es. Toda la tarde, solo una conversación: tíos. Despotricamos sí, pero todas daríamos lo que fuera porque alguno entrara por la puerta, nos diera la mano y no la volviera a soltar nunca. Este amor – odio, siempre latente, siempre presente.

Caminamos por Sol, la plaza llena de gente. Es la mejor hora del día, las diez, la temperatura agradable y… ohhh que tipical spanish, tres agentes de la autoridad haciéndose fotos con guiris. Nos acercamos y nos dice uno, ¿no queréis una foto con el moreno? Que va, pasando, además como se enteren vuestros superiores… Si ya se lo estoy diciendo, pero estos ni caso. Bueno, polis majos. Nota mental, decirle al Señor S que he conocido polis majos. Me despido de mis chicas. Enfilo la calle Alcalá, al final, mírala, mírala… y directa al bus. Me planto el ipod a toda leche y para casita, que ya es hora. Todo canciones tristes… Los Planetas me llaman bonita, no les quito la razón, Velazquez con sus terrazas atestadas de pijitos. Pereza y Bunbury me gritan al oído que ayer me querían y hoy ya no, pues que pena. En el puente de la M-30 echo de menos Gijón. Prosperidad, Canillas, y por fin Hortaleza, como el sabio, aunque yo de sabia, cada día menos… y directa... al ordenador, que no me atrevo a subir y saludar a mi cama vacía…

No puedes seguir así, te va a consumir la tristeza
No es tristeza, es desilusión
Y, a fin de cuentas, ¿no es lo mismo?

sábado, 19 de enero de 2008

El plastidecor blanco
















Tiene que ser duro que nunca te elijan. Ver como día tras día y trazo a trazo tus hermanos se van consumiendo… y tú ahí, en el estuche, casi rozando a ese tajalapiz en cuyo vientre probablemente jamás girarás. Más frustrante tenía que ser el día que te elegían e, impotente, intentabas dejar inútilmente tu huella en un din A4. El azul para el cielo y el mar, el verde para la hierba, el marrón para los árboles, el rojo para la sangre… y el blanco ¿para qué el blanco?. Encima, a pesar de que nadie te usaba, acababas sucio como un cerdo. Tú, que eras el más grande, dejabas que esos enanos te emporcasen hasta tal punto que había que terminar arrojándote a la basura. Cientos de miles de plastidecor blancos descansan hoy en los vertederos de medio mundo; largos pero vacíos, intactos pero sucios…¿eternos?, si, eternos, ¿pero para qué?, si ni siquiera empezaron.

Eso si, peor era la vida de un alpino… aquello si que eran miserias, no hay color. Al menos al plastidecor pálido siempre le quedaba la esperanza de encontrar a su cartulina negra.



Señor S